
Las declaraciones de Ruth Nina, dirigente del desaparecido partido Pan-Bol y afín al evismo, han desatado una ola de denuncias penales en distintos puntos del país. El motivo: sus polémicas afirmaciones de que, si Evo Morales no es habilitado como candidato, “el 17 de agosto el Tribunal Electoral y el Gobierno, en vez de contar votos, van a contar muertos”.
Las denuncias fueron presentadas en Santa Cruz, Cochabamba y La Paz por autoridades, activistas y representantes de organizaciones civiles, quienes acusan a Nina de instigación pública a delinquir, amenazas y delitos electorales.
La primera denuncia fue formalizada por la diputada Luisa Nayar (Comunidad Ciudadana), quien exigió al Ministerio Público la aprehensión inmediata de Nina. La parlamentaria calificó las expresiones como una “grave amenaza contra la democracia”.
En Cochabamba, el Comité Nacional de Defensa de la Democracia (Conade) también acudió a la justicia. Su vocera, Leonilda Galindo, denunció que las palabras de Nina ponen en riesgo la vida de los ciudadanos y la labor del TSE. “El 17 de agosto sí habrá elecciones, y el rostro de Evo no estará en la papeleta”, sentenció Galindo.
En La Paz, el activista Guido Calcina amplió la denuncia no solo contra Nina, sino también contra Evo Morales, por presuntos delitos de terrorismo e instigación al conflicto, recordando los episodios de violencia vividos en años anteriores.
El vocal del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Gustavo Ávila, expresó su rechazo categórico a las declaraciones y anunció que este martes la Sala Plena emitirá un pronunciamiento oficial. “Nadie puede estar por encima de la Constitución”, afirmó.
Desde el Tribunal Supremo de Justicia, su presidente Romer Saucedo pidió a Nina “que se confiese y pida perdón”. Añadió que si se demuestra la comisión de delitos, la justicia deberá actuar “con todo el peso de la ley”.
Por su parte, Ruth Nina dijo sentirse malinterpretada y se declaró víctima de “acoso político y violencia mediática”. No obstante, sus palabras siguen generando inquietud en un proceso electoral que ya se encuentra en tensión.